Lo bueno, si breve… marketing

Todo es cuestión de tiempo. Y en el mundo del marketing más, si cabe.

Porque es el tiempo el que determina cuando llegas tarde, cuando llegas justito o simplemente, cuando no llegas.

Las estrategias cuantifican y cualifican las tácticas. Y éstas, pugnan por situarse en el momento y en el lugar adecuados. Una sincrionización que debe ajustarse no solo con el tempo de quien planifica, sino que también deben hacerlo con el tempo de quien está llamado a convertirse en público objetivo de cada acción.

Una sincronización en la que la clave ya no se centra exclusivamente en conseguir acertar con el contenido adecuado, sino que ahora es vital que dicho contenido no implique un ‘robo de tiempo’ al usuario.

El marketing, ahora más que nunca, se sumerge en un proceso de trabajo a tiempo real, en el que la capacidad de acción y reacción de las marcas, determinará aquellas que ‘llegan a tiempo’ y ‘en tiempo’.

Finaliza la época de los grandes discursos publicitarios, de los spots de 30 segundos, de las campañas que trataban de ‘enganchar al usuario’ todo lo posible, de los espectáculos con introducción, nudo y desenlace…

Y es que en pleno deceso de lo interminable, ha llegado el momento de la eficacia de lo efímero. Es tiempo para aquellos que son capaces de exprimir al máximo el momento, simplificando los mensajes a nivel molecular e influyendo en el público de manera tan instantánea, que no solo no le roban minutos a su audiencia, sino que inmediata simplicidad sirve como regalo extra de un tiempo que es oro, que el usuario agradecido lo invertirá en lo que más quiera.

Ha llegado el momento de ajustar los relojes del marketing, para que las marcas lleguen a tiempo… y sobre todo, en tiempo.

 

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Para que una marca 'llegue al corazón del público' su comunicación tiene que trascender de lo 'emocional' hasta convertirse en 'emocionante'.

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